Saboreando el Mundo

Yokohama, museo del Ramen | Japón día 18

Aprovechando el Japan Rail Pass, al que solo le quedaban 3 días de validez, fuimos a pasar el día a Yokohama. Yokohama se encuentra a pocos minutos en tren del centro de Tokio y es la segunda ciudad más grande de Japón. Su zona portuaria es muy famosa, y tiene varias áreas de entretenimiento; un mini parque de atracciones (el “Cosmo World”) que alberga una noria increíble (el Cosmo Clock 21), dos centros comerciales, un museo de “cup noodles”, varios barcos-museo y una bonita zona de paseo con césped, para poder tumbarse a echar una buena siesta.

Muy importante también, es el barrio chino de Yokohama, el más grande de Japón. Con infinidad de tiendas y restaurantes chinos entre calles y callejuelas.


Y, el diamante en bruto mejor guardado: el Museo del Ramen de Shin Yokohama, que ocupó nuestra mañana en la ciudad. Desde Shin Yokohama, la estación de tren de alta velocidad, está indicado, o la amable gente de Yokohama te indica directamente! Cuando nos veían pasar nos decían “ramen museum” y indicaban con la mano derecha, recto, etc. No hay perdida!!

Un gran bol de ramen con palillos motorizados indica la entrada al museo. Hay que pagar tiquet, ya que de un museo se trata, además de todas las consumiciones dentro, hay que pagarlas aparte. En el nivel de la entrada se encuentra la exposición, no demasiado grande, con la historia del ramen y de los restaurantes que tienen una filial dentro del museo del ramen de Yokohama. También una pequeña tienda con todos los utensilios para preparar nuestro propio ramen, y con algunas especialidades “instantáneas” para llevarse a casa.

Dimos una pequeña vuelta y bajamos a los pisos inferiores, donde se encuentran los siete restaurantes afortunados de estar en este famoso museo. La ambientación es increíble: una plaza y callejuelas ambientadas en una cálida noche de verano de los años 50. En la mayoría de locales hay cola, aunque como siempre es muy fluida. Cada restaurante tiene su especialidad desde el clásico Miso Ramen, hasta el atrevido “tuna-kotsu”… Para todos los gustos!!

En todos los locales es obligatorio pedir al menos un bol de ramen por persona, si bien existe la opción de pedir media ración, aunque el precio no sea proporcional. El funcionamiento es exactamente el mismo que en cualquier local de ramen; máquina en la puerta (con la correspondiente traducción al inglés) en la que se pide el tiquet y se entrega al entrar al restaurante. Fácil, rápido y práctico para todos.

Con dos boles cada uno tuvimos suficiente; un tonkotsu ramen muy picante, y después de una cervecita en una “terraza” de Okinawa, nos atrevimos con el tonkotsu Ramen de “Milano Tonkotsu”, con un toque muy italiano, que sinceramente no acabó de convencernos. Tampoco parece que convenciera a los demás visitantes, porque por lo visto ya no tienen filial en el museo…

Después de la comilona, cogimos un tren hasta el Puerto de Yokohama, donde pudimos notar de inmediato el ambiente festivo de domingo. Nada más salir de la estación nos quedamos sin aliento. Los rascacielos de la zona son increíblemente altos, incluso en varios de ellos es posible subir a los pisos más altos para disfrutar de unas vistas de infarto.

Cruzamos la calle y llegamos a la zona del muelle, donde hay una reproducción de un barco rodeado de jardines, donde los japoneses aprovechan para tumbarse y hacerse un picnic o disfrutar de la familia o amigos. El día acompañaba gratamente, y los parques estaban a tope. Dimos un agradable paseo hasta llegar al centro comercial “Yokohama World Porters”, lo cruzamos y llegamos al minúsculo, aunque apasionante, “Cosmo World”. Un parque en el que todas las atracciones están aglomeradas en muy pocos metros cuadrados. Dos montañas rusas, una atracción de agua y una enorme noria con vistas sobre la ciudad y el puerto. A parte de un centro recreativo con decenas de maquinitas en las que entretenerse durante horas. Una actividad en la que los japoneses dedican una suma de tiempo alucinante!

La entrada al parque es gratuita, y cada atracción se paga individualmente.

Después de una locura de viaje en una montaña rusa, en la que daba la impresión que el vagón iba a salir disparado en cualquier momento, volvimos al centro comercial y no pudimos resistirnos a comprar un helado con espectáculo…

Dejadme que me explique. Una heladería en la que, a parte de sabores de helados muy curiosos, los empleados te cantan mientras te preparan y decoran el helado. Fue una experiencia inolvidable. Como te alegra el día algo tan absurdo como eso. Y el helado de calabaza de Halloween bien valía los 5€ que pagamos!!

Después de eso, simplemente nos dedicamos a pasear por el puerto hasta Chinatown, la que con perdón de muchos, nos pareció una autentica trampa mortal para turistas. Pretendiamos cenar ahí, pero el hecho de que en todos los restuarantes nos persiguieran con la carta para captarnos nos hizo huir a toda prisa…ya tuvimos suficiente en Nara.

Así que el corto paseo por Chinatown acabó de nuevo en el puerto, en el que disfrutamos de la puesta de sol y regresamos a la estación para encaminarnos al Hostel. De vuelta, cogimos un tren regional, y tardamos aproximadamente media hora en llegar a Tokyo. Una vez ahí, paramos en un super para aprovechar las ofertas de última hora y compramos algo de sushi para cenar en el Hostal.

Yokohama vale la visita, y nosotros hubiésemos dedicado más tiempo a la zona del muelle, con sus jardines… Detrás del Cosmo World se encuentra también el famoso Cup Noodles Museum, en el que, a parte de aprender sobre la historia de ese tipo de comida rápida, puedes crear tu propio bol con tus sabores favoritos y llevártelo a casa. Una opción genial si no tenéis tanta hambre como para ir al museo del ramen, y sin lugar a dudas para ir con niños.

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