Saboreando el Mundo

Villa Borghese e imprescindibles | Roma día 2

¿Que hay mejor que levantarse en Roma y tomarse un buen espresso? Pocas cosas, a verdad. Y con las pilas bien cargadas con ese maravilloso café cogimos el metro hasta Piazza di Spagna para recoger nuestras bicis de alquiler, nuestro trasporte para esa mañana. ¿El plan? Visitar Villa Borghese, el tercer parque más grande de Roma (aunque parezca increíble por su tamaño, así es), y hacer hambre para la comida…

Justo en la salida del metro, directamente a la derecha se encuentra una pequeña filial de “Bici & Baci”, una empresa de alquiler de bicicletas, vespas e incluso tours guiados a dos o cuatro ruedas.

Reservando online tuvimos un 10% de descuento y la seguridad de disponer de las bicis. Aunque si vuestro viaje es improvisado, siempre podéis ir a preguntar…

Una vez acabamos con el papeleo, empezó la aventura. Salimos directamente a Piazza di Spagna, aunque nosotros la dejaríamos para más tarde. Por las preciosas calles empedradas de Roma, llegamos en un momentito a la famosísima y gigantesca Piazza del Popolo, donde empezaba la cuesta que nos llevaría a la entrada de Villa Borghese. Una vez arriba, las vistas compensaron la dura subida en una bici de paseo con tres marchas. Roma a nuestros pies!!

Nuestra ruta por el parque la hicimos en la dirección opuesta a las agujas del reloj. Primera parada: Galeria Borghese, uno de los museos de arte más famosos de Roma, aunque como bien sabréis, el arte no es lo nuestro (o no lo era aún entonces…).

Del precioso edificio nos dirigimos al “Bioparco di Roma” (o Zoo), solo para observarlo por fuera. Espero que por dentro esté en mejores condiciones que por fuera…

Seguimos rodando hasta la “Galleria Nazionale d’Arte Moderno”, una vez más para observarla de lejos, ya que lo mejor estaba por venir.

El plato fuerte era El Tempio di Esculapio, construido en el siglo XVIII y dedicado al Dios de la medicina. Rodeado por un precioso lago lleno de patos, tortugas y botes de remos que se alquilan por veinte minutos . Ahí aparcamos las bicicletas y dimos un relajante paseo rodeando el pequeño lago y disfrutando de la flora y fauna.

De ahí seguimos hasta la Piazza di Siena, una preciosa explanada que recrea la famosa Plaza de Siena, llena de deportistas haciendo yoga o un poco de jogging.

Al otro lado del camino, escondido entre frondosos arboles, se encuentra una replica del Shakespeare Globe Theather de Londres, algo abandonado, eso sí.

Muy cerca de la Piazza de Siena, dos preciosidades más. El Tempio di Diana, pequeño pero realmente bonito, y la Fontana dei Cavalli Marini, una fuente con cuatro caballos con cola de sirena que emergen del agua.

Acabamos la ruta con el Reloj de Agua de Pincio, tan increíble el reloj como su entorno, y la fuente que representa la salvación de Moises de las aguas, “Fontana Mosè salvato dalle acque”.

Detalle final son las impresionantes vistas des de la Terrazza del Pincio, una parada obligatoria en la visita a Villa Borghese. También podría ser un desvío en el camino si no tenéis pensado visitar el parque!

Villa Borghese en bici es una gran idea para verlo todo, si no tenéis mucho tiempo. Aunque, si por el contrario tenéis días suficientes, calzaros unas deportivas, comprad pan y embutido romano en el mercado, y aprovechad el día descubriendo a pie este precioso parque, disfrutad del picnic y de una refrescante siesta bajo los arboles centenarios de Villa Borghese. Valdrá la pena!

La bajada fue más fácil, sin duda. Llegamos de nuevo a la Piazza del Popolo, con el imponente obelisco egipcio de 23 metros de altura en el centro de la plaza y el gran arco que da entrada a la misma.

Sus iglesias gemelas de Santa Maria en Montesanto y Santa Maria dei Miracoli, y la conocida Santa Maria del Popolo, pero no entramos. Que la apuntamos para la siguiente visita, como tantas otras cosas!

Devolvimos las bicis un poco antes de lo previsto e hicimos una parada rápida en Piazza di Spagna, ya que a mi personalmente las aglomeraciones me agobian muchísimo y no disfruto de lo que sea que haya que disfrutar. Subimos las escaleras hasta la terraza superior, hicimos las fotos correspondientes y decidimos buscar por fin el restaurante elegido para comer: Sora Lucia.

Debemos decir que no era nuestra primera opción, pero los buenos restaurantes en Roma cierran los domingos. Aunque pueda parecer mentira, y dentro de nuestras altas expectativas solo este se ajustó a ellas.

Un pequeño restaurante familiar, tan típico italiano que las mesas están prácticamente pegadas las unas a las otras. Tuvimos que esperar una media horita, pero lo conseguimos!

Nos sentamos cerca de la vitrina de los postres…menudas tartas caseras!! Pero para empezar una buena copa de vino tinto, una ración de lasaña y una de osobuco.

Las raciones tenemos que admitir que no eran para nada suficientes, sobretodo porque la comida estaba buenísima. Nos hubiésemos comido la bandeja entera de lasaña y la cazuela de osobuco después. Realmente bueno, y realmente poca cantidad…Lo sé, lo sé, el sentimiento es algo confuso, pero debemos ser claros.

Calidad: increíble, cantidad: insuficiente y precio: alto. Pero lo mejor estaba por llegar. Menudo tiramisú!! Podemos decir, de hecho lo hacemos, que el tiramisú es nuestro postre preferido, el de ambos. Cuando hay tiramisú no podemos resistirnos, y casi nunca nos ha decepcionado.

Pero ese día, a parte del tiramisú, probamos una tarta original y de sabor extraordinario: tarta de pistacho y pera. No podemos describirla; id y probarla.

Apuramos hasta casi el cierre, porque si algo hay que tener en cuenta en Italia, es que muchos restaurantes cierran a mediodía, casi siempre a las 14:30. Y estos que cierran a mediodía son los que valen la pena. Cambiad un poco esos hábitos españoles y aprovechad para comer temprano y disfrutar de un buen aperitivo a media tarde, la recompensa es alta, os lo aseguramos!

Bien, después de la comida nada barata, pero altamente recomendable, nos dirigimos al siguiente punto: La Fontana di Trevi, a pocos metros del restaurante.

Otro lugar al que hay que ir, pero al que no esperes poder ver tranquilamente. Porque la cantidad de gente que ahí se aglomera es indescriptible. Empujones por un selfie: alrededor de 20. Así que, foto de rigor, y a seguir disfrutando de la Roma más tranquila.

Nos desviamos un poco y subimos a la Piazza di Sant’Apollinare, al lado del Palazzo del Quirinale. Desde donde las vistas de la cúpula de la Basílica de San Pietro son muy bucólicas. Es un pequeño rodeo y vale la pena.

Aunque ya habíamos comido postre, y aunque nos dejaron claro que el gelato no es típico de Roma…nos dejamos llevar por 150 sabores. Eso aún es menos italiano si cabe, pero bueno, a veces nos escondemos tras la mascara de simples y llanos turistas, no?

Nos pusimos las botas a gelato y seguimos andando tan felices como niños chicos.

De camino al Panteón de Agripa, queríamos situar nuestro rubí en bruto Romano. Un restaurante que prometía convertirse en uno de nuestros favoritos a nivel mundial: La Trattoria dal Cavalier Gino.

Casi nos dio un infarto cuando leímos que estaban de vacaciones, aunque pudimos respirar al ver que el miércoles, ultimo día de nuestro viaje, abrían de nuevo. No pudimos reservar, pero al menos lo encontramos!

Nos reencaminamos hacia el Panteon, y nos encontramos con una reliquia de casi 30 metros de alto y casi 4 de diámetro: la imponente Columna de Marco Aurelio. Igual que la de Trajano, ésta relata las victorias de Marco Aurelio al largo de su vida. Aunque parezca imposible de creer, en su interior se encuentra una escalera de caracol que llega hasta una terraza en la parte superior de la columna. De infarto y claustrofobia, vamos.

Nos aprovechamos un poco de la sombra que proyectaba la columna para descansar un poco, coger aire y seguir. Roma se tiene que hacer a pie, aunque parezca duro es la mejor manera de descubrirla. Las guías de viaje no pueden incluir todo lo que la ciudad eterna ofrece. Aunque se piense que viendo el Colosseo, el Foro, el Vaticano y la Fontana di Trevi hemos visto Roma, no es así para nada. Recorriendo Roma a pie, descubres cosas que te sorprenderán y te gustaran quizá más que el propio Colosseo.

Plazas, fuentes, fachadas, monumentos que pasan inadvertidos, barrios enteros…No hay que desaprovechar la oportunidad de conocer a fondo la ciudad con más historia del mundo. La capital del Imperio Romano, la cuna del Cristianismo en la que la comunidad Judía ha dejado una huella más que importante, y la ciudad preferida para muchos artistas de la antigüedad.

Dicho esto, otra increíble e imponente obra arquitectónica de la antigua Roma: el Panteón de Agripa. Mucho más grande de lo que pueda parecer, tanto por fuera como por dentro. Otro punto a favor es que, al menos de momento, es gratis.

Aunque la cola de espera pueda parecer larga y eterna, es muy fluida y en un abrir y cerrar de ojos ya estás dentro. Es un lugar increíble.

Rodeamos el templo por fuera, y nos encontramos con la iglesia de Santa Maria Sopra Minerva de frente. En la que se encuentra una obra de Bernini, un obelisco encima de un elefante de mármol.

Decidimos encaminarnos hacia la “cena”. El famoso aperitivo romano de la mano de Doppio Zero, muy cerquita de nuestro apartamento.

Y de camino, como no podía ser de otra manera, nos encontramos con el Area Sacra, unas ruinas romanas convertidas en refugio felino.

El refugio de gatos se encuentra en un lateral de las ruinas, y se puede entrar a visitarlos. Se pueden comprar cositas para hacer donativos (o hacer donativos directamente), estar con los gatos y hablar con los voluntarios. Los gatos entran y salen a su aire, pero están muy bien cuidados.

Cruzamos el Tiber y no nos podíamos creer lo que estaba pasando: una batalla de Romanos contra bárbaros.

Sí, sí, en medio del circo Maximo tenia lugar uno de los actos conmemorativos del aniversario de Roma. Menudo espectáculo.

Nos quedamos embobados un buen rato, hasta que el nuestros estómagos nos recordaron que estaban esperando la cena…

Ahora sí que sí, llegamos después de un paseo al local y encontramos mesa sin espera. El truco: ir a primera hora. El aperitivo se sirve de las de la tarde hasta las nueve o diez, dependiendo del sitio. A las seis y media ya estábamos sentados. Además, es la mejor manera de probar todo, ya que llegada una hora ya no reponen más comida.

Pedimos dos cocktails, a 10€ cada uno. No os escandalicéis, el aperitivo romano cosiste en eso, pagar bastante por la bebida y ponerse las botas con el bufet que ésta incluye.

Comimos de todo: ensaladas, focaccia, pizza, verdura, e incluso postre. Al estar alejado del centro, no había turistas y el ambiente y la comida eran originales. Los sitios que vimos en el centro no le hacían justicia al verdadero aperitivo.

Pasamos casi tres horas bebiendo y comiendo, y el precio no os lo vais a creer. Cenamos por 26€, los dos. Así que, increíble. Y otro intenso día en Roma…el segundo de cinco!!

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AQUÍ OS DEJAMOS LA GALERÍA DE IMÁGENES DE “Villa Borghese e imprescindibles”:

(fotos tamaño original)

 

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