Saboreando el Mundo

Tokyo, llegada a la capital | Japón día 17

Después de una de las peores noches de nuestras vidas, salimos disparados del hotel de Osaka para iniciar la última etapa de nuestro viaje: Tokyo. Cogimos el Shinkansen en el que teníamos reservados nuestros asientos, ya que en estos viajes más largos, aparte de recomendable es mayoritariamente obligatorio reservar con antelación. En cualquier estación de Japan Rail podéis encontrar oficinas en las que te atienden en inglés, o se hacen entender, para poder hacer este tipo de gestiones.

Llegamos a Tokyo sobre las 12 del mediodía, después de unas cuatro horas de viaje a toda velocidad, que nos ayudó a recuperar un poco de sueño perdido.

Teníamos muchas ganas de conocer la capital de Japón, y no perdimos tiempo en dirigirnos a nuestro Hostal, situado en Asakusa. Muy cerca del centro y de la zona de Ueno, tanto, que casi no usamos el metro!!

De tanta emoción llegamos pronto al Hostal “Tsubame Guest House” y como el check-in no lo podíamos hacer hasta las tres de la tarde (por lo que quedaba aún más de una hora), dejamos las mochilas y nos fuimos a pasear por el barrio. Japón es tan diferente para los occidentales, que un simple paseo por un barrio obrero, puede ser toda una aventura llena de fotografías.

Llegamos hasta el río Sumida, a pocos metros del hostal, y disfrutamos de las preciosas vistas de la torre Sky Tree a distancia, el edificio más alto de Japón. Decidimos cruzar el río y acercarnos al Ryogoku Kokugikan, el estadio de Sumo de Tokyo, aunque en teoría solo lo podríamos ver des de fuera por ser fin de semana. El museo del estadio solo se puede visitar por las mañanas, de lunes a viernes, y fuera de temporada de Sumo. Y el estadio en sí, solo si sois tan afortunados de poder conseguir ver una lucha…

Nosotros fuimos “afortunados” de vivir un evento prácticamente único, aunque lamentablemente éste fuera un funeral. Pocos meses atrás había muerto un icono del Sumo, el luchador Chiyonofuji. Famoso por su agilidad y sus 31 títulos, habían esperado al final de temporada para homenajearle… y sí, sin saberlo, habíamos llegado el día y a la hora perfecta para participar en ese homenaje.

La verdad es que todo eso que os escribimos ahora lo descubrimos más tarde. En aquel momento no teníamos ni idea de lo que estábamos haciendo. Preguntamos a un segurata, el cual nos invito a entrar al estadio, y nos sumamos a la larga cola que lo rodeaba por dentro. Cuando entramos a la zona interior donde se encuentra el ring, nos entregaron una flor blanca. Era para depositarla en un gran altar flanqueado por luchadores de sumo en yukata.

Hombres que imponen, no solo por su peso, si no también por su gesto solemne y serio. Tuvimos la oportunidad de sentarnos en las gradas, grandes espacios “acojinados”. Y desde donde pudimos ver un video homenaje a la vida de Chiyonofuji, el luchador fallecido. Sin tener ni idea de este deporte, apreciamos la tremenda agilidad del luchador, y la lentitud de sus contrincantes. No tenían nada que hacer… Nos relajamos, y seguíamos viendo como una cola inacabable de gente seguía entrando para hacer la ofrenda de flores.

Muchos traían su propio ramos, y otros muchos vestían de duelo y lloraban… Un momento increíblemente emotivo, que ponía la piel de gallina. Cuando salimos de la zona del ring, no se había acabado aún el recordatorio. Todos sus cinturones, y trofeos estaban expuestos, así como coronas de flores imponentes. Decenas de luchadores esperaban a la salida, con sus hermosos yukata y sus cabellos grasientos. Dos de ellos podemos considerarlos los tíos más grandes que hemos visto, de alto y de ancho. Increíble lo que vivimos, aunque fuera por ese trágico suceso.

Pasadas las tres de la tarde, volvimos al Hostal, donde nos esperaba nuestra habitación privada y una buena ducha. Después de instalarnos y relajarnos un rato, cogimos el tren, aprovechando nuestros últimos días de Japan Rail Pass. Nuestra parada fue la Estación de Tokyo para acercarnos al Palacio Imperial. Increíble es, que una ciudad como Tokyo, tan cosmopolita y con tantos neones, pueda tener zonas en pleno centro total y completamente a oscuras!!

Dimos una vuelta de rigor, y volvimos a la estación. Esas zonas cerca de las estaciones, en las que debajo de las vías del tren está lleno de Izakaya. Una zona para tomarse unos buenos yakitori y una cerveza congelada…hay, como se echan de menos!

Pero bien, para esa noche teníamos preparada una cena un poco especial… íbamos a comer Fugu, o pez globo. La gracia de comer este tipo de pez, estaremos todos de acuerdo en que es por el morbo de lo del veneno, aunque después de meditar un rato podamos definirnos como suicidas, porque, al fin y al cabo, ¿que diferencia hay con jugar a la ruleta rusa? Se me acaban de erizar los pelos…

En el restaurante especializado en fugu al que fuimos, una cadena de restaurantes que podéis encontrar en muchas ciudades de Japón “Tora Fugu Tei”, no hablaban ni una palabra de Inglés, aunque si que tienen carta en ese idioma. Así que como siempre, con señas nos entendimos. Pedimos un menú degustación (el más económico) y sake.

La cena constó de sashimi de piel de fugu (bastante correoso), sashimi de fugu, fugu frito y “hot pot” del mismo pez, recientemente muerto (lo sabemos porque aún se movía).

Bien pues, es divertido probarlo, incluso recomendamos la experiencia, aunque el pez en sí no sea el más fino ni sabroso del mundo. Lo mejor: el pez frito y el helado de matcha de postre.

Eso sí, si algo puede decantar la balanza, quizá sea el precio. Fue más caro que el Wagyu de Kobe, y que cualquier otra cosa que comimos. No repetiremos la próxima vez, pero podemos decir que HEMOS PROBADO EL PEZ GLOBO!!

Rematadamente muertos, nos retiramos a descansar, esa noche sí, en una buena cama!!

Buenas noches Tokyo!

AQUÍ OS DEJAMOS LA GALERÍA DE IMÁGENES DE “Tokyo, llegada a la capital”:

(fotos tamaño original)

 

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