Saboreando el Mundo

Japón día 2: de Hakodate a Sapporo

Despertamos por primera vez en Japón un viernes, seria un día largo, pero que nos llevaria a Hakodate a Sapporo. Nos vestimos y bajamos a desayunar al comedor del hotel. Entramos en el pequeño salón acristalado, con una ambientación total de los años 50 en Estados Unidos. Encontramos una pequeña barra, con una tostadora y unas rebanadas de pan de molde japonés, con mermeladas y nutella individuales, y unas tazas de diferentes diseños un poco vintage, y para poder rellenarlas una cafetera llena y una jarra de leche fresca. Las paredes empapeladas con papel de habitación infantil, un reloj de Hello Kitty y un poster de One Peace hacen del hotel Kikuya un lugar pintoresco, en el que uno se siente muy cómodo y a gusto. Desayunamos poquito, ya que la mañana nos deparaba algo más para llenar nuestras barrigas…

Después de acabar con el café subimos a preparar las mochilas y dejamos nuestra pequeña habitación.
Dejamos las maletas al cuidado del recepcionista del hotel, igual que la mayoría de huéspedes, y entregamos las llaves de la habitación.

En un corto paseo nos acercamos al mercado de la mañana, dónde nos esperaba el plato fuerte del día. No es un lugar muy grande, aunque si un poco laberíntico. Hay una zona cubierta y otra al aire libre. Fue nuestro primer contacto con un mercado de pescado en Japón, y nos alucinó. Parábamos en cada puesto a observar las capturas del día. Cangrejos gigantes vivos, gambas enormes como no habíamos visto nunca, tanques de calamares, erizos de mar y tantísimas otras especies, vivas o muertas. En la mayoría de puestos del mercado, te preparan el pescado y el marisco a la barbacoa, o en sashimi, y tienen algunas sillas y mesas para poder comer.
El lugar estaba realmente animado, aunque la gran mayoría de gente a esas horas ya éramos turistas.

Paseamos por todo el mercado disfrutando de cada detalle, y acabamos por entrar en el mercado interior. Ahí encontramos lo que andábamos buscando: un tanque lleno de calamares. Nos pusimos al final de una cola de gente que esperaba, como nosotros, para pescar un calamar por si mismos para luego comérselo mientras sus tentáculos siguen moviéndose…

Llegamos al mostrador y pagamos una ficha, nada barata. 1160YEN por un calamar…bueno, la experiencia lo valía. Metimos la mano en un cubo y sacamos un papelito al azar. Nos tocó un descuento de 200YEN para gastar en cualquier tienda o restaurante del mercado. José era el encargado de la pesca, así que le entregaron a él la pequeña caña y en unos segundos el calamar picó. Al sacarlo del tanque empezó a escupir agua y a retorcerse sobre si mismo.

Hicimos una foto rápida, y la chica lo metió en un cubo y se lo entregó al hombre que lo limpió y cortó para nosotros. Le quitó la piel, le cortó la cabeza y partió lo demás en trozos finitos. Nos sentamos en una gran mesa de madera cerca del tanque, acompañados por otros curiosos atrevidos, y echamos salsa de soja encima de los tentáculos, que es lo que hace que reaccionen y empiecen a moverse. No está malo, aunque tampoco es muy sabroso. Pero comerse los pequeños tentáculos mientras se mueven es una impresión única. Después de acabar con el calamar, fuimos a gastar nuestro cupón en una vieira a la barbacoa. DELICIOSA. La carne del molusco era sabrosa y blandita…

Acabamos con la vieira en un abrir y cerrar de ojos, y seguimos con nuestra excursión por el mercado. Nos encontramos con nuestro primer grupo de escolares. Cuando ven un extranjero, uno dice animadamente “Hello!”, tú le respondes y entonces se animan todos a repetir “Hello!”, “Hello!”…y saludan con la mano. Este fue el primero, pero prometemos que absolutamente todos los grupos escolares que encontramos en Japón reaccionaban exactamente igual ante la presencia de gente extranjera.
En el mercado también se pueden encontrar tiendas de fruta gigante y souvenirs, como graciosos sombreros en forma de cangrejo, calamar o mi preferido, de oso comiéndote la cabeza…

Se nos agotaba el tiempo. Debíamos ir a recoger la maleta e ir a coger el tren para movernos a Sapporo. Para llegar al hotel nos metimos por un pequeño callejón sin asfaltar, con trasteros de madera y bicicletas medio oxidadas. Ahí fue donde vimos también, nuestra primera araña gigante de color verde pistacho, pegada a una telaraña digna de su tamaño. En Japón todos los animales son grandes, pero los que más llaman la atención son los insectos de proporciones gigantescas.

Recogimos las mochilas del hotel y nos fuimos a la estación para comprar algo para comer durante el viaje.
El tren de Hakodate a Sapporo es regional y tarda unas tres horas.
Compramos un bento y unos onigiris (triángulos de arroz rellenos) en el 7eleven de la estación, y un mochi de postre.
Fuimos en busca de nuestro tren, y nos subimos al vagón de no reservado. Estaba lleno y tuvimos que quedarnos de pie en la zona de las puertas. Salimos puntuales, como es costumbre en Japón, y en la primera parada, a unos pocos minutos de Hakodate, quedaron unos asientos libres y pudimos sentarnos.

Disfrutamos del precioso paisaje de montañas y prados verdes, hasta llegar a la enorme bahía de Uchiura, dónde el tren pasa completamente pegado al agua. Con ese precioso paisaje, sacamos nuestra comida y empezamos a devorar.

Después de comer nuestro arroz con pollo, los onigiris y el mochi (que nada que ver tenía con el que nos obsequiaron la noche anterior en la cena), nos entró el sueño. Aún arrastrábamos el cansancio del vuelo y de la emoción, así que nos quedamos fritos en un segundo.

Despertamos un poco antes de llegar a Sapporo, justo para disfrutar de las vistas del gran valle y de las barriadas de las afueras de la capital de Hokkaido. Casitas pequeñas y cuadradas, una mezcla entre las casas que vemos en los dibujos animados japoneses y las casas canadienses. Cuando la ciudad ya se hacía más palpable, pasamos muy cerca del museo de la cerveza Sapporo, y vimos su chimenea, justo detrás de un gran almacén con publicidad de los Fighters, el equipo local de baseball, campeón de la liga 2016, y el más popular de Japón en este momento.

Ya casi en la estación, altos edificios con publicidad, nos dieron la bienvenida a Sapporo.
Bajamos del tren y salimos a la estación. Primera misión, buscar la DisneyStore para comprar las entradas para DisenySea. Primero nos metimos por el lado equivocado, la zona de los restaurantes. La estación de Sapporo es realmente grande y es fácil perderse la primera vez.
Al final encontramos el centro comercial, justo entes de salir de la estación a la izquierda se accede a éste, y luego hay que subir hasta el quinto piso. Allí se encuentra la DisneyStore. Compramos los tiquets sin ningún problema, aunque nadie hablaba casi inglés. Salimos con nuestras entradas bien guardadas en busca de nuestro Hostel, que quedaba un poco lejos de la estación. Aún así optamos por ir a pie. Nos encanta pasear y descubrir rincones!

Bajamos por una gran avenida que llega hasta Odori Park, donde se celebra el concurrido “Autumn Festival”. Sapporo es una gran ciudad un poco “retro”. Los edificios, los neones, todo es un poco de los ’90. Eso le da un aire diferente a otras grandes ciudades sureñas. Llegamos a Odori Park y vimos la famosa torre de TV con su gran reloj digital. De ahí a nuestro alojamiento tardamos unos diez minutos más.

The Stay Sapporo” es un Hostel de diez plantas completamente nuevo, con habitaciones privadas y compartidas de hasta ocho personas. En el último piso hay una gran comedor, una cocina y varias lavadoras y secadoras. En el tercer piso, dónde se encuentra la recepción, hay una sala comunitaria con sofás para relajarse, y en la primera planta, en la misma que la entrada principal,  hay un bar dónde se pueden tomar unas cervezas y comer algo sencillo. Para nosotros fue el mejor alojamiento que tuvimos en Japón. Aunque en Tokyo también estuvimos muy a gusto, en The Stay tuvimos cama doble, y eso fue un puntazo.

Después de hacer el check in, lo siguiente fue ducharnos sin perder tiempo. Una vez aseados y relajados, nos pusimos en marcha. El Autumn Festival nos esperaba, y nos moríamos de ganas de meternos entre la gente, oler y ver las delicias que preparan y sobretodo, comérnoslo todo!!

Llegamos enseguida y no sabíamos por donde empezar…un laberinto de puestos de comida se expandía por todo el parque de un km y medio de largo. Así que, fuimos a lo loco. Sin poder esperar más, nos pedimos un pinchito de vieiras a la barbacoa. Igual que la de la mañana, la carne de la vieira estaba tierna y sabrosa. La comida pedía a gritos una cerveza para acompañar, así que nos metimos en el beer garden que la cerveza Sapporo tenía montado en la feria.

Con nuestra fresquita cerveza en mano, nos fuimos a seguir en busca de más presas. Nos encontramos con una carpa de comida y vinos Españoles y con un puesto de paella, que la verdad sea dicha, tenía una pinta espectacular, y ya sabemos todos lo críticos que somos con nuestra gastronomía…

Mal informados estábamos, y a poco tiempo para las ocho vimos que los puestos empezaban a cerrar sus ventanillas. Nos quedamos sin probar nada más y perplejos. En Japón, cuando se cierra a las ocho, significa que a las ocho ya está cerrado, no que empiezan a cerrar. Así que, cansados y desesperados, nos pusimos a buscar un sitio dónde cenar. Enseguida dimos con un restaurante especializado en pescado a la barbacoa, y preguntamos si tenían carta en inglés. El camarero, muy educadamente nos dijo que no tenían y nos vinimos abajo. Seguimos hasta la zona de ambiente, Susukino, pensando que ahí sería fácil encontrar restaurantes.

Restaurantes sí, muchos, trampas para turistas también, todos. Ninguno nos convencía, ni tirando de TripAdvisor, ni de Forsquare. Entramos en un restaurante de yakitori, subiendo unas escaleras, al lado de un Lawson Store, y muy perplejos nos quedamos cuando, después de preguntar por la carta, ojearla  y decidir que nos quedábamos, la camarera nos rechazó. Tal cual.

Al final, ya de bajón y no muy convencidos, encontramos un restaurante de curry Japonés (otra famosa especialidad de Hokkaido) y entramos. El restaurante se llama “Suage+” y está un poco escondido. En la segunda planta de un pequeño bloque con más restaurantes, algo muy típico en Japón.

La camarera, con un inglés casi inentendible, nos informó que cerraban a las diez, y ya sabéis que significa eso en Japón… Eran las nueve y media, y teníamos media hora para comer. A esas alturas, nos daba igual comer a toda velocidad, solo queríamos comer!!

Nos sentamos en una pequeña mesa y pedimos sopa de curry con pollo y verdura. Elegimos el tipo de curry, el caldo base, el nivel de picante, el topping y el tamaño del bol de arroz para acompañar. Los platos cuestan alrededor de 1000YEN, que no está nada mal.
Enseguida nos trajeron los boles de sopa. Yo no estaba muy convencida, pero ahora me muero de ganas de comer otra vez. Es un punto medio entre sopa y salsa, con el pinchito de pollo (o de lo que elijas), la verdura y el huevo por encima, y todo eso calentito, combinado con el arroz blanco, madre mía! Es una delicia!!

La lastima fue tener que comer deprisa, pero lo hicimos. Estábamos hambrientos, y cansadísimos, con ganas de ir a descansar después de un día tan ajetreado.
Pagamos en el mostrador de la salida, como se hace en la mayoría de restaurantes en Japón, y ya sin poder con nuestras almas, nos fuimos derechos al hostal. Nos tiramos en la cama y descansamos como bebés. Buenas noches Sapporo!

Aquí os dejamos la galería de fotos del día en Hakodate y Sapporo, además del video resumen:

 

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