Saboreando el Mundo

El Castillo de Praga y Malastrana | Praga día 2

En el segundo día en Praga, Jose me explicó las actividades programadas para el día mientras desayunábamos en la chulísima panadería danesa “Mansson”. Mientras nos comíamos las deliciosas rebanadas de pan negro con roastbeef y gambas, junto con dos capuccinos, escuchaba atenta el plan. Subiríamos al Castillo de Praga y visitaríamos la famosísima Catedral de San Vito, la basílica de San Jorge y el Callejón del Oro. Después de eso, subiríamos a la torre de “Petrin” (la pequeña torre Eiffel) y comeríamos en la cervecería del Monasterio Strahov. Después de eso, tarde libre bajando por Malastrana y cruzando el puente de Carlos hasta la Ciudad Vieja.

Parecía un día intenso e interesante, y el desayuno fue perfecto para coger fuerzas.

Sobre las nueve de la mañana empezamos la ruta. Cruzamos el río Vltava por el puente “Mánesuv”, y desde ahí disfrutamos de la preciosa panorámica del Puente de Carlos.

Al otro lado del puente hay una plaza con un monumento a los caídos, y desde ahí empezamos a ascender por la calle Klárov.

Después de pocos metros, pasado un pequeño parque, a la izquierda y en ascenso, se encuentra una estrecha calle con tramos de escalera que sube directamente al Castillo de Praga.

Mientras íbamos ascendiendo, Praga se iba haciendo más pequeña a nuestros ojos. Al llegar a la puerta del Castillo de Praga, la vista era ya de cuento.

Pasamos un rápido control de seguridad y disfrutamos unos minutos de las preciosas vistas. Aprovechando que había poca gente fuimos directos a comprar las entradas. Entrar al recinto del Castillo de Praga es gratuito, pero para acceder a las diferentes atracciones (catedral de San Vito, Basilica de San Jorge, Callejón del Oro…) hay que pagar entrada.

Hay varias entradas combinadas, según lo que se quiera ver. Nosotros optamos por el «Circuito B», el segundo más completo, que incluye la Catedral, la Basílica, el Callejón del Oro y el Palacio Real. Al lado del Callejón se puede comprar el ticket, pero solo se puede pagar en efectivo. Se puede pagar incluso en euros, aunque te cobran comisión por ello, y no es la mejor opción para ahorrar. Para pagar con tarjeta hay que dirigirse a la oficina principal, justo en frente de la entrada de la Catedral. Allí también se puede alquilar una audio guía en varios idiomas, una opción realmente interesante.

Una vez tuvimos las entradas, empezamos por el Callejón del Oro.

Vale la pena entrar en cada una de las casitas, con reproducciones de como eran las viviendas originales de la época. Incluso una que está más escondida, que pertenecía al alquimista.

También se sube a la muralla, dónde hay una extensa exposición de armas, escudos y armaduras, y una cámara de tortura.

Paseamos tranquilamente por el callejón, aprovechando la tranquilidad de la mañana.

Después de visitar la antigua cárcel, al final de la calle, fuimos a visitar la Basílica de San Jorge.

Quizá la gente no le presta la atención debida a esta preciosa Basílica de fachada roja, pero es un encanto. No es pomposa ni recargada, y las paredes están cubiertas de restos de antiguos murales.

Cuando salimos, aún era temprano para entrar en la Catedral, ya que los horarios varían cada día, y ese en particular abrían las puertas a las doce. Antes de ir, podéis mirar en la página oficial, ya que también puede estar cerrada el día que tengáis planeado ir.

Aprovechando el tiempo, hicimos fotos de la fachada de la Catedral, aunque es muy difícil que quepa toda en una sola toma…la catedral es enorme, y el espacio de la plaza muy limitado.

Entramos al Palacio Real, en el que por cierto, están prohibidas las fotos. El salón principal es impactantemente grande, y hay varias salas curiosas, pero por lo demás, tampoco es algo imperdible.

A las doce, antes de entrar a la catedral, fuimos a ver el cambio de guardia en la puerta principal del antiguo Palacio, o al menos lo intentamos. La gente estaba aglutinada, y solo se podía observar a través de un pequeño espacio. No vimos nada, aunque alzando un poco los brazos, pudimos sacar alguna foto.

Al fin nos dirigíamos a la Catedral, y para nuestra sorpresa, (aunque no es de extrañar) la cola rodeaba la mitad del edificio. Aunque avanzamos bastante rápido, y en cuestión de diez o quince minutos ya estábamos dentro. Como consejo os decimos que se puede acceder sin ticket, aunque solo a la parte de la entrada. Para ver con detalle el altar y las cristaleras, así como el enorme “botafumeiro”, sí que hay que pagar. Pero si lo que queréis es haceros un viaje “low cost”, este es un truquito.

Dentro de la Catedral de San Vito hay muchos detalles para observar, aunque hay que tener una paciencia extrema, por la cantidad de gente que hay dentro.

El hambre empezó a apretar, y decidimos poner rumbo a la cervecería dónde íbamos a comer, para coger fuerzas y subir a la torre de “Petrin”.

Salimos por la puerta dónde unos momentos antes había tenido lugar el cambio de guardia, y subimos por la avenida “Hradcanske”. Seguimos ascendiendo hasta el Monasterio Strahov, solo a unos diez minutos del Palacio.

El Monasterio se encuentra en una pequeña plaza, al lado de una iglesia, y justo en frente se encuentra la pequeña cervecería, donde sirven varias cervezas hechas ahí mismo.

Nos sentamos en una gran mesa, compartida con unos japoneses y unos franceses y ojeamos la carta. Obviamente todo lo que sirven es comida checa, y las porciones son considerables, aunque se trate de un entrante.

Yo me pedí el Ganso asado con manzanas, col roja y blanca y “dumplings” checos. El plato era enorme, y la comida estaba espectacular. Me encanta el ganso y el pato, y más si es asado. La carne estaba jugosa, y el toque dulce de las manzanas…mmm!!! Para acompañar, tenía tres tipos de “dumplings”: de patata, de pan y unos de pan más oscuro. Al final, José tuvo que meter mano de mi plato…para variar.

Por otro lado, José, que ha vivido en la República Checa varios años y conoce muy bien su gastronomía, eligió su plato favorito: “Svicková na smetane”. Está claro, no? Asado de cerdo con nata, grosellas y “dumplings”. La carne súper tierna, y con la mezcla agridulce de la nata y la mermelada…mmmm!!

Todo riquísimo, y acompañado de la mejor cerveza!! Una Sv. Norbert Amber y una Sv. Norbert IPA, hechas en el monasterio.

Los precios, tratándose de un lugar bastante turístico, fueron un poco altos. Se puede comer muy buena comida checa por mucho menos, pero nos apetecía probar la cerveza y nos venía de camino. Recomendamos el lugar, pero tampoco es un imprescindible de Praga, si bien podéis ir simplemente a tomaros una cervecita, que no está nada mal y el precio es muy razonable.

Aunque parezca increíble, después de la comilona, iniciamos el descenso (el día iba en ascenso por lo que podéis ver…) a lo más alto de Praga: la torre de Petrin. Más tarde volveríamos a visitar la preciosa biblioteca del Monasterio.

Una vez en el parque de Petrin, empezamos a patinar dirección a la torre. El suelo era completamente una capa de hielo de varios centímetros, y lo más seguro era salir del camino, para pisar algo de nieve, aunque poca. Si fuisteis a hacer la visita guiada al antiguo ayuntamiento, o pensáis hacerla, fijaos en la muralla que rodea una parte del parque, ya entenderéis el porque.

Los tickets de la torre de Petrin no se pueden pagar con tarjeta, solo en efectivo. Nosotros compramos el ticket del ascensor, aunque más barato es, lógicamente, subir por las escaleras.

Una vez arriba las vistas quitan el aliento. Toda la ciudad de Praga a nuestros pies.

Si no tenéis pensado subir a pie, o subir un día diferente al de la visita al Castillo de Praga, hay la opción de subir en funicular hasta la torre. Como queráis, pero subid!

Después de salir de la torre, patinamos otra vez hasta el Monasterio Strahov. Ahora íbamos a visitar la biblioteca, solo visitar. Para hacer fotos o vídeos hay que pagar una tasa un poco elevada. Hacer fotos de estrangis no es fácil, ya que hay varias personas atentas en la sala. A las bibliotecas en sí no se puede entrar, por desgracia, aunque sí se puede apreciar sus techos y estanterías desde una de las puertas laterales. Es un espectáculo que merece la pena. No os llevará demasiado tiempo, ya que es un espacio muy reducido, pero impresionan los frescos del techo y la cantidad de libros de la colección.

Una vez acabamos con el Monasterio, empezamos el “descenso”, por fin se acabo lo de ascender! Detrás de la iglesia del Monasterio, hay una puerta en la que empieza un camino que cruza una pequeña zona de jardines, al lado de la llamativa embajada de Suecia, en la que se puede gozar de unas impresionantes vistas sobre la ciudad de Praga.

Ese camino, se junta con la calle “Uvoz” que baja directamente a “Malastrana”.

El famoso barrio “Malastrana” de Praga, es un barrio de músicos y escritores. Las notas de piano salen de todas las ventanas dando un ambiente bohemio a nuestro paseo.

Y paseando, paseando, llegamos a la pared de grafiti más famosa de Praga: el muro de John Lennon. Por desgracia parece que mucha gente no aprecia tanto el muro como para no destrozarlo con grafiti de pacotilla, una pena. Si estáis por el barrio, bien merece la visita y la foto de rigor!

Muy cerca, cruzando un pequeño canal, encontramos el “John Lennon Pub”, para aprovechar el filón del muro. Al menos la fachada mola, y merece una foto.

Nos lo hicimos venir bien para, desde ahí, llegar a la entrada del puente de Carlos. Por el camino recibimos muchas invitaciones para hacer un crucero, por varios hombres vestidos de “marineritos”, que más que para reclamo de cruceros, parecía un reclamo para un club de “streaptese”. Una simple anécdota que se repitió varias veces.

El imponente puente de Carlos, une Malastrana con la Ciudad Vieja, y está vigilado por multitud de estatuas ennegrecidas por la humedad del Vtlava.

El paseo, pero, puede ser un poco agobiante, tanto por la multitud de gente como por los puestecitos de artistas callejeros.

Una vez en la Ciudad Vieja, en uno de los laterales de la entrada al puente, se pueden sacar unas bonitas fotos de Malastrana, el puente de Carlos y una preciosa panorámica del Castillo de Praga.

Después de tanto andar, nos ganamos un descanso en forma de infusión calentita y la famosa tarta de miel de la República Checa.

Para ello, entramos en la cafetería-restaurante “Capriccio”. Nada especial, pero nos pilló de camino…

Después de la merecida pausa, dimos un pequeño paseo por el centro y nos fuimos a casa, para aprovechar una vez más la bañera de hidromasaje y arreglarnos para la…CENA!!!

Ya bien limpios y bien “guapos”, nos plantamos en el restaurante en el que teníamos reserva: el “Restaurante Brasileiro”. Hay dos en Praga, nosotros fuimos en el que está en el sótano del centro comercial “Slovanski Dum”.

Nosotros somos muy fans del “Rodizio”, ya que aquí cerca de dónde vivimos, hay uno espectacular que se llama “Toro Negro”, al que vamos en ocasiones especiales. El “Rodizio” trata de carne ensartada por una espada y hecha a fuego lento la parrilla. Muy, muy jugosa. Los camareros van pasando por la mesa, cada uno con una variedad de carne diferente, y si te interesa lo que te ofrecen, te cortan un trozo directamente en tu plato. En este restaurante en particular, también nos ofrecieron pescado al horno, gambas y quesos gratinados.

A parte de eso, hay un buffet con gran variedad de entrantes y acompañamientos, fríos o calientes. Un lugar hecho especialmente, para los amantes de la buena carne!! Y nosotros somos unos enamorados!!

Disfrutamos de una noche relajada, de buen comer (a cantidad!) y buen beber…

El precio es cerrado, ya que es buffet libre, y las bebidas se pagan a parte. No suele ser barato, pero lo dicho: es un pequeño lujo para ocasiones especiales!

Después de dos horas sin parar de comer, nos fuimos a casa a por el postre… bomboncitos de chocolate y buen vino!!

Buenas noches una vez más Praga, y gracias por el precioso día!

AQUÍ OS DEJAMOS LA GALERÍA DE IMÁGENES DE «El castillo de praga y malastrana»:

(fotos tamaño original)

 

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