Saboreando el Mundo

Acuario de Osaka, Shinsekai y sushi | Japón día 11

Nuestro último día en Osaka fue un día improvisado. Visitamos el Acuario de Osaka, pasamos fugazmente por Shinsekai y cenamos un sushi espectacularmente bueno, para ya despedirnos de la ciudad.

El plan del día era ir de excursión al Valle del Kiso, pero la previsión de tormenta hizo que el día anterior por la noche abortáramos la misión. Fue un golpe muy duro, ya que nos hacía una ilusión tremenda caminar por los Alpes Japoneses, y más todavía en una región tan particular.

El Valle del Kiso se encuentra no muy lejos de Nagoya, y es muy popular por sus pueblos perfectamente conservados del periodo Edo. La Nakaseno es la ruta que iba desde Tokio a Kioto cruzando por los Alpes. Durante esta ruta se pueden encontrar muchos pueblos de postas para que los viajeros pudieran descansar. Muchos de estos pueblos se han conservado, y ahora se pueden recorren algunos tramos de la antigua Nakasendo sintiendo como que te encuentras en otra era.

Sin duda es un plan que vamos a hacer realidad en nuestro siguiente viaje a Japón.

Nos levantamos con el día bastante gris y lluvioso. La mayoría de alternativas al Valle del Kiso eran al aire libre, hecho bastante absurdo dado la previsión del tiempo. Así que al final nos decantamos por visitar el famoso Acuario de Osaka.

Para llegar hasta ahí no pudimos usar el Japan Rail Pass. En Bentecho cogimos el metro hasta la estación de Osakako. La decepción que tuvimos al salir de la estación, y ver que el cielo había despejado completamente y que hacía un calor asfixiante, no podemos plasmarla en palabras. Ya no podíamos volver atrás, así que intentamos pensar lo menos posible en ello.

Caminamos, juntamente con decenas de personas más, por una avenida hasta llegar a la gran noria que se encuentra delante de la bahía de Osaka.

Cruzamos el gran centro comercial, donde se encuentra un Legoland, y de repente vimos el precioso edificio del Acuario de Osaka en medio de una gran plaza.

Nos pusimos en la cola, que no parecía muy larga, y enseguida ya teníamos las entradas.

Justo enfrente de la puerta de entrada hay una gran figura de un tiburón ballena, la estrella del Acuario, con la que hacerse una foto. Previa cola, como todo en Japón.

En el vestíbulo hay un montón de taquillas para poder dejar efectos personales, y una tienda de souvenirs.

Para empezar la visita, hay que cruzar un túnel-pecera. Después de éste, hay que subir hasta lo más alto por una escalera mecánica no apta para cardíacos.

La visita sigue desde lo más alto, hasta llegar otra vez a nivel del suelo.

Esta vez no vamos a entrar en detalles, ya que nada más empezar la visita supimos que era la última vez que visitábamos un Acuario. Cada recinto era más triste que el anterior, y el tanque de los tiburones ballena era el más impactante. Dos animales tan majestuosos dando vueltas a un pequeño tanque de agua…

Lo único que disfrutamos fue de la exposición de «Buscando a Nemo» y de las espectaculares medusas.

No queremos ser hipócritas, porque pagamos por entrar sabiendo lo que es un acuario. Pero al menos sirvió para que no lo hagamos nuca más.

Una vez acabamos con el Acuario de Osaka, nos dirigimos a Shinsekai, el barrio más “retro” de Osaka, buscando un restaurante dónde comer.

Bajamos del tren en la estación “Shin-Imamiya” y caminamos unos quince minutos por un barrio para nada turístico. Cruzamos por un callejón cubierto, lleno de restaurantes de “kushikatsu”. El «kushikatsu» son unos pinchitos rebozados muy populares en Japón y muy típicos de este barrio de Tokio.

Al salir del túnel, nos encontramos ya en la popular zona. Nos percatamos de ello al ver las tiendas con camisetas de “Dragon Ball”, “Musculman” y demás mangas de los 80′ y 90′.

A Shinsekai le da forma una amplia calle que se cruza con otras más estrechitas. Están llenas de restaurantes de “konshikatsu” y comida de proporciones colosales (en teoría comida de luchadores de Sumo), y de tiendas “frikis”, de videojuegos y de porno.

Paseamos un buen rato, hicimos fotos, pero no encontramos ningún lugar que nos llamara la atención para comer. Así que paseando, paseando llegamos a Dotonbori y nos metimos en el Namba Walk, una calle subterránea llena de restaurantes y tiendas. Dimos una vuelta y nos decidimos a probar el “Tonkatsu”, carne empanada con panko. Era un pequeño restaurante de menú, y dentro había un par de “gourmets solitarios”.

Nos sentamos en una mesa y nos dieron las cartas, como casi siempre, con la traducción en inglés y la foto correspondiente. Las fotos y las reproducciones de plástico o cera de los aparadores, son la imagen real del plato. No es una “publicidad engañosa” como estamos acostumbrados en occidente. Lo que ves, es exactamente lo que vas a comer, y eso se agradece.

Pedimos un menú de Tonkatsu de cerdo con ensalada, arroz y sopa de miso. Y otro menú de “katsudon”, que es un bol de arroz con «tonkatsu» cortado (en este caso, aunque puede variar el ingrediente principal) y huevo crudo por encima, que con el calor de la comida se cuaja un poco, y sopa miso de acompañamiento.

Nos trajeron unos pequeños aperitivos; unas setas en conserva y unas verduritas dulces, junto con dos jarras grandes de cerveza bien fresquita.

Enseguida llegaron los platos principales, que tenían una pinta irresistible.

Sobre la mesa había un montón de botes de salsa etiquetados en japonés, así que ni cortos ni perezosos, nos pusimos a investigar de que eran de la única manera posible: probándolos todos!! Chili en polvo y una mezcla de salsa de soja con algo, fue lo que resultaron ser.

Por otro lado, con el aperitivo, nos habían traído la salsa del tonkatsu. Esta salsa es una especie de salsa barbacoa poco espesa y bastante dulce, y creernos cuando decimos que crea adicción. Ahora mismo se me está haciendo la boca agua al recordar la jugosa carne empanada, muy crujiente por fuera, mojada en la salsa llena de sabor… aiiiii Japón, como te echamos de menos!!!

Comimos muy simple, económico y muy, pero que muy bien. Cuando salimos del restaurante, decidimos irnos para el apartamento a descansar un poco y a preparar las maletas para el día siguiente.

De camino a la estación de metro por el mismo Namba Walk, pasamos por delante de una panadería. No podíamos creer lo que estábamos viendo: una chica estaba quemando el azúcar encima de unas preciosas tartas de queso, haciéndolas aún más preciosas!!! No nos pudimos resistir y pedimos una para llevar.

Más contentos que unas pascuas nos fuimos para casa, tarta en mano.

Llegamos, nos duchamos y sacamos dos cucharas. ¡Al ataque!

Las tartas de queso japonesas son como de otro mundo, tan blanditas y suaves… Y con el contraste del caramelo… aiiiii Japón!!!!!!

La tarta (entera), voló. No dejamos ni una miguita… y después de la abundante comida y el colosal postre, nos tumbamos a descansar un poco sobre nuestros futones.

Cuando nos despertamos ya había oscurecido, nos levantamos y preparamos las mochilas para el día siguiente.

Nos vestimos, e investigamos dónde podíamos ir a cenar un buen sushi. Decidimos acercarnos a Dotonbori, ya que ahí cerca, según TripAdvisor había un muy buen restaurante del estilo que buscábamos.

Nos metimos en la zona chunga, pasado el canal hacia el norte. Chungo, porque está lleno de prostitutas y chulos, o lo que sean. Pero vamos, que no dan mucha tranquilidad que digamos. Una cosa curiosa, es que las prostitutas en Japón, van vestidas más bien de modo descuidado. No como las que conocemos nosotros, que van enseñando todo. Quizá en Japón eso les parece más sexy…

Bueno, a lo que íbamos. El restaurante al que fuimos se llama “Sakae Sushi Tamayamachi”, y está en una esquina. Se reconoce fácilmente por los letreros y las cortinas rojas del exterior.

Entramos y nos dijeron que debíamos esperar fuera, hasta que se marchara alguien. Una pareja de chicas iba delante de nosotros.

En menos de cinco minutos estábamos dentro, sentados en la barra.

El restaurante no parece muy grande, aunque creemos que tiene algún comedor que no está a la vista. En medio del local hay una gran barra en forma de U, donde los chefs preparan el sushi.

El funcionamiento era el mismo que en el “Harukoma Sushi”. Escribíamos el nombre del sushi que queríamos y se lo entregábamos a nuestro chef particular.

Algo que leímos en TripAdvisor, y que nos llamó a nosotros también la atención, fue que la mayoría de “preparadores de sushi” tenían más de sesenta años de edad. Estos hombres llevaban, probablemente, cincuenta años perfeccionando su técnica para moldear el arroz y cortar el sushi.

Esa noche nos soltamos la melena!

Dos cervecitas, y ¡a pedir!

El nigiri fijo en todas nuestras comidas: Otoro. Además de gamba, huevas de salmón, huevas de pez volador, entrañas de cangrejo, cangrejo, oreja de mar (un tipo de almeja) y… salmón.

Era el primer salmón que pedíamos, ya que como aquí en Europa es el sushi más común, no nos llamaba la atención probarlo. Queríamos probar cosas nuevas, pero leímos que estaba muy bueno y decidimos pedirlo. Alucinante. Nada que ver con lo que estamos acostumbrados a comer. Se deshacía en la boca y el sabor era muy suave.

Ocho nigiris por cabeza.

Si visitáis Dotonbori, os apetece comer sushi de calidad, a precio razonable, y no queréis que os tomen el pelo en un restaurante para turistas, solo tenéis que cruzar el canal, caminar unos metros y vuestro deseo se hará realidad.

Nuestro último día en Osaka terminaba ahí. A la mañana siguiente empezaba otra etapa de nuestra aventura, y estábamos muy emocionados. Aunque también tristes porque Osaka nos había encantado. Hasta pronto Osaka!

AQUÍ OS DEJAMOS LA GALERÍA DE IMÁGENES DE «Acuario de Osaka, Shinsekai y sushi»:

(fotos tamaño original)

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

css.php